Un paseo por tus fotos

UN PASEO POR TUS FOTOS


La chica de Ipanema

 

Mira que cosa más linda…Tengo las fotos de Lucía esparcidas por la mesa, tan llenas de gracia…

Jimena vino a vernos en Navidad, que era hora. Me encanta cuando ella y Lucía se sientan en el sofá con una botella de vino, que siempre se convierten en dos, y se pasan horas y horas hablando; me gusta su complicidad, sus carcajadas y sus confesiones, la naturalidad con la que hablan de lo humano y lo divino, aunque yo esté delante.

– ¿Qué estás haciendo, fotos mentales? -dice que le preguntó a su último escarceo mientras echaban un polvo. Por lo visto le contestó que sí, que así luego en su casa y en su cama podía repasarlas.

Fotos mentales, fotos mentales…yo tengo una foto mental, Lucía y su corsé, que sigue sin abandonarme, y ¡zas!, surge la idea:

BOUDOIR

O lo que mi “maquina cacharro” me permita…y así transcurre la historia.

Aprovechando que es mi día libre y que Lucía estará fuera hasta las cinco de la tarde, me dediqué a preparar nuestro dormitorio, diminuto, pero con mucha luz. Mudé la cama y la cubrí con todos los cojines que pude encontrar en casa.

Salí corriendo a su tienda favorita de lencería, donde compré una braga culotte negra y una especie de kimono que no le abrigaría, hace mucho frío, pero que le volvería loca. Compré también un lambrusco, que puse a enfriar según regresé a nuestro piso.

Coloqué las prendas cuidadosamente sobre uno de los cojines en la cama, un par de copas en la mesilla y su vibrador negro al lado.

 

16:45. Tengo el tiempo justo para sacar el trípode y montar la máquina. Vuelvo de la nevera justo cuando escucho en la puerta:

-Hola, ¡joder qué frío hace fuera!

-Hola, ven un momento, estoy en la habitación.

-No siento los dedos, ¿sabes a cuantos grados estamos?

Su cara cambia de repente al ver nuestro cuarto, el vino y la cámara.

– ¿Qué es todo esto?

-Boudoir creo que se llama. Tú te cambias, te pones cómoda y mientras tanto yo te hago fotos; pero espera que descorche la botella.

-Vale. Se quita el gorro y se atusa el pelo, aunque sigue pareciendo una loca con el pelo revuelto. Le paso una de las copas de Lambrusco.

– ¿Brindamos?

– ¡Por la calefacción que no ponemos!

Damos un primer trago y Lucía empieza aplaudir entusiasmada. Se quita el jersey y las tres camisetas en menos de dos segundos. Acto seguido se saca las bragas y todo, como de costumbre, queda tirado en el suelo de la habitación.

Culotte, kimono, espejo.

– ¡Joder qué lorza! – dice mientras se observa en el espejo.

Yo fotografío. Glúteos redondos, con celulitis y alguna estría. El culo más redondo y bonito del mundo, la piel más satinada y enrojecida por el frío.

Quiero tocarla, sé que está suave porque es suave, seguramente también está helada, pero me contengo, hay que hacer más fotos.

-Mírame.

Y me mira divertida. No sabe posar, si posa se jode la foto, o al menos es lo que ella dice, así que hace un puchero con el fin de disimularlo.

Su boca, sin kimono ni braga, carnosa, con los labios cortados por el frío. Me lanza un beso y sonríe.

Se da una vuelta y prueba nuevas formas de ponerse el kimono. Yo fotografío su cuello, su escote, sus pechos…

Tiene la piel de gallina.

Se tiende en la cama y coge el móvil. – Un watsApp- dice.

– ¡Deja eso, ahora no!

Y se ríe, se descojona, vamos. Se lo está pasando bien. Un poco indiferente a la escena, pero eso sí que es una pose ante la vergüenza de sacarse fotos.

Vuelve a ponerse en pie y se baja las bragas hasta medio muslo. Sus muslos, acogedores, tiernos…y empieza a subírselas despacio, ladeándose.

-Sácame así- y disparo, y vuelvo a disparar, su ingle izquierda desnuda mientras que la derecha está a medio cubrir. Sus dedos sujetando el culotte, el vello de invierno sin depilar pero suave y dulce…

-Un día de estos me lo peino con coletas-dice mientras lo toca y lo coloca para que no asome fuera de las bragas.

-Por tus coletas-le digo y le alcanzo la copa para que sigamos bebiendo y entrando en calor.

Repara en el vibrador, lo coge y me mira con cara de interrogación- ¡FOTO! – sonríe- ¡FOTO!

Se gira y lo coloca dentro del culotte, asomando en su espalda, pone el culo en pompa y exclama:

¡FOTO!

Hago la foto, pero automáticamente me acuerdo de Estrella, la chica que me lo vendió y en el sexshop, y en el tacto de terciopelo del cacharrito de marras, y en que es muy grueso, y muy potente, y ahí está, entre sus nalgas….Hago la foto, pero bajo la cremallera de mi pantalón porque mi bragueta amenaza con explotar.

Lo retira, vuelve a mirarme. Sus ojos brillan. Sé que por dentro está meándose de risa, porque la expresión de mi cara no engaña, ni como se achinan sus ojos y se curva su boca cuando intenta aguantar una carcajada.

Saca unas medias grises del cajón. Son de lana y le llegan hasta medio muslo. Están adornadas con lacitos negros en el encaje. Según las tiene puestas me mira sonriendo y se saca las bragas. Se tiende en la cama entre todos los cojones…-Otra foto- dice separando las piernas.

Se incorpora un poco – ¿vienes? – y me muestra el vibrador- pero deja la cámara en automático.

Y eso hice, aunque las fotos resultantes de esta parte de la historia ya no tienen nada que ver con el Boudoir

 

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