Mi experiencia con el Pegging

MI EXPERIENCIA CON EL PEGGING.


Para muchos, el concepto de Pegging es bastante nuevo e incluso desconocido pero como la mayoría de prácticas sexuales,  aunque se estén dando más a conocer actualmente, se practican desde tiempos inmemoriales.

Entendemos por pegging  una práctica sexual en la que es la mujer la que realiza sexo anal a un hombre u otra mujer al penetrarle con un consolador de correa, arnés o strapon. Esta práctica también puede implicar la estimulación de los genitales antes, durante o después de la penetración.

El término pegging se popularizó en un concurso en la columna de consejos sexuales “Savage Love” de Dan Savage que aparece en diversos periódicos tanto de Estados Unidos como de Canadá. Resultó ser la palabra ganadora después de observar que no existía un nombre común ni una definición de diccionario para éste acto en el idioma inglés.

¿Como me di cuenta de que me gustaba el pegging?

Admito que la primera vez que se me presentó la ocasión de practicarlo, no fui yo la que sacó el tema.

Por aquel entonces tenía 19 años y estaba saliendo con un chico unos años mayor que yo. Un día en la cama me pidió que le metiera un dedo en el culo y aunque mi desconcierto fue grande y siendo yo muy de probar cosas, lo hice.

Me extrañó bastante la petición pero solo me bastó ver su cara de placer al hacerlo para darme cuenta de que aquello me excitaba sobremanera.

Después de aquella experiencia me dediqué a buscar información por internet i descubrí que realmente, los hombres tienen el punto G en la próstata (hay quien lo llama el punto P), más concretamente se encuentra en el interior del recto, a unos 5 cm del ano y en la pared que da hacia el frente, hacia la vejiga.

Es su zona erógena más potente. Visto esto entendí su cara, sus gemidos y el placer que había podido observar en él, pero lo más importante de todo, se me abrió un mundo de posibilidades nuevo en lo que al sexo se refería.

¿Cómo empecé a practicar pegging?

La realidad no siempre acompaña nuestros deseos así que, habiendo descubierto yo esa nueva forma de jugar, pasó mucho tiempo hasta que la pude recuperar en mi vida. Y es que, aunque sea un hecho que los hombres sienten un gran placer con el sexo anal, aún existe mucho prejuicio con el tema y un gran número de hombres se niegan a probarlo.

La mayoría de veces es por puro desconocimiento. Porque piensan que eso es cosa de gays” o “si lo pruebo y me gusta igual es que soy gay yo y no lo sé” y claro, eso da miedito no?

Así, uno de los requisitos imprescindibles para mi para practicar pegging es el hecho de que el chico tenga una mentalidad abierta y pocos o ningún tabú sexual.

Que busque el placer y el disfrute por encima de creencias que hayamos podido asimilar desde pequeños y esté dispuesto a probar nuevas cosas.

Otro de los requisitos (aplicable a la totalidad de prácticas sexuales también), sería que haya total confianza entre las personas que lo vayan a practicar ya que es importante que no se sobrepase ningún límite y que haya una comunicación fluida.

Por suerte para mi, se cruzó en mi vida alguien que cumple todos esos requisitos (que maravilla!); y tras varios meses de relación, me atreví a comentarle que quería practicar pegging con él y accedió.  

No cabía en mi de felicidad!!

Lo primero era ir a comprar los juguetes y sobretodo que fuéramos juntos así podríamos buscar algo que se ajustara a las peticiones de ambos.

Ya habíamos jugado con algunos plugs pero aquello era diferente y nos acabamos decidiendo por un arnés y un dildo por separado. El arnés lleva distintas anillas para que se le puedan aplicar distintos tamaños de dildo y nos pareció lo más conveniente para ir probando y poder adaptarlo tanto a nuestros gustos como a nuestros progresos con el tema.

La experiencia fue una maravilla y lo sigue siendo. El cambio de roles en una pareja es una práctica harto interesante y que puede desatar nuestras más oscuras fantasías. En mi caso da rienda suelta al hecho de la experimentación en la cama y despierta en mí el componente de dominación y poder ya que paso del “ser poseída” al “poseer”.

Además sirve para empatizar con la pareja y ver el acto sexual desde una perspectiva nueva.

Para mí, uno de los mayores detonadores de la excitación en el pegging, es sentir que soy yo la causante de tanto placer y que los roles masculino y femenino que nos impone la sociedad, se desmontan por si solos.

Os pasa lo mismo?

Aquí puedes leer mi experiencia con el hollow-strap-on.

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universo pornico

Mi nombre es Yaiza pero la que escribe es mi alter ego la Venus Puta. Soy mujer, orgullosa de serlo y disfruto de la vida, de mi cuerpo y del sexo, sobretodo del sexo. Siempre me ha parecido que este mundo tiene demasiados tabús con los que hay que acabar y por eso mi vida gira en torno a la terapia, la sexología y el enfoque de género. Soy escritora inquieta y pretendo remover mentes. Desde que tengo uso de razón, escribir ha sido tanto mi pasión como mi válvula de escape.

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