La erótica de un bizcocho

La erótica de un bizcocho.

Ya está, en su bañera, con Pauline en la playa acompañándola.

No me molesto ni en preguntar, aquí me encuentro, enharinado en la cocina, peleándome con un bizcocho supuestamente afrodisiaco mientras intento apartar de mi cabeza la imagen de sus muslos desnudos y abiertos, fríos y temblorosos.

Tengo tiempo más que de sobra, esta es capaz de quedarse en la bañera una hora larga con “su patito”, calentando el agua cada vez que se enfríe, mientras yo “bizcocheo” e intento enfriar mi mente.

¡No te jode que después de lo del corsé me encontré un post-it en el espejo del baño pidiéndome un vibrador negro!

Pues nada, será el efecto corsé, pero en este caso su deseo es una orden, y más cuando aún tiemblo al recordarla ahí tendida, sin poder tocarla más que con un vibrador, volviéndome loco de deseo como mero espectador y manipulador del dichoso aparato.

 

Ahí teníais que haberme visto.

Buscando en el sex-shop que me recomendó Jimena, mirando en los estantes y sacando fotos para enviarle: “¿este?”, “¿este?”, “¿este?”, “No”, “No”, “No”, “¡Joder!, ¿Pues cuál?”

Vale, como dice esta, parece mentira que no conozca sus gustos. Jimena me dijo que si esperaba a que volviera de Castellón, me acompañaba, he preferido no esperar.

Desde la última bronca y el episodio del corsé quiero ganar puntos, y sobre todo repetir.

El chico de la tienda se apiadó de mí.

Debí de darle lástima ahí perdido entre cajas llenas de falos y con un interrogante en la cara.

– ¿Buscas algo en concreto?

-Mi chica, que quiere un vibrador negro y tal y cual …-y le conté toda la historia de corsé.

-Estrella, ven un momento, por favor- llamó a su compañera- necesita un vibrador negro, regalo post pelea y tal y cual…-y le contó también toda la historia del corsé.

-Ole por tu chica, ya soy fan. Mira este está muy bien, y este rampante aun mejor. Si quieres algo más cuqui tienes este con strass, pero es más rígido y menos funcional, eso sí, mucho más caro.

 

Estrella era muy maja y le ponía voluntad, pero yo seguía perdido.

Debió de verlo en mi expresión, porque me miró sonriendo y me dijo:

-Mira, si lo que me habéis contado es cierto, da igual el que le lleves, lo importante es que se lo regales tu y que sea negro. Creo que tu chica tiene las ideas muy claras y esto solo es atrezzo.

Cogió el rampante, lo empaquetó en seda, como la que yo no iba a poder tocar, le puso un lazo, como el que no me iba a permitir desatar, perfumo el paquete, lo guardó en una bolsa encerada y me sonrió.

-Vuelve a contarme como sigue la historia, por favor, ¡ahh! ¡y hazle un bizcocho!

– ¿Un bizcocho?

-Sí, es que tengo hambre y el azúcar muy bajo- y me guiñó un ojo.

 

Y aquí estoy, haciendo la masa para un bizcocho, con el horno y la entrepierna precalentados, para ponérselo en la mesa del desayuno con el vibrador y esperando que quiera volver a ponerse el corsé.

Vota este artículo !!
[Total: 1 Media: 5]
jolie courge

Psicóloga, educadora, orientadora sexual y familiar, COACH SEXUAL y de pareja, y TUPERSEXERA

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: