Julia

Tal vez la vida de Julia pudiese ser juzgada por la mayoría como monótona, tal vez, para ella, era simplemente eso, su vida.

Hacía ya muchos años que ella sólo tomaba como referencia para tomar sus decisiones ese órgano que tenía entre su pecho y su espalda, su corazón.

Tal vez albergara deseos, fantasías que se quedaba para ella misma, para vivirlas en su intimidad, como esa misma mañana, cuando al despertar después de uno de esos sueños tan «sugerentes», sola en su cama, bajo las sábanas, deslizó su mano dentro de sus braguitas y se «regaló» como desayuno un orgasmo.

 

Con una preciosa sonrisa clavada en su cara terminó de levantarse y se dispuso a acudir a una reunión del movimiento animalista, recién descubierto por ella y al que se entregaba en cuerpo y alma. En la calle ya le esperaba Ana, a la que conoció precisamente en una manifestación del movimiento.

 

—A los buenos días Julia «durmiente», casi no llegamos.

—Perdón, «se me pegaron las sábanas», vámonos.

 

Se montaron en su pequeña motocicleta y se pusieron en marcha.

 

Aquel día parecía que iba a ser bastante importante, ya que el movimiento trataba de incluir una ley contra el maltrato animal, por eso al llegar, Julia y Ana se sorprendieron del enorme número de personas que habían logrado atraer. Buscaron su hueco entre los asistentes y se sentaron.

Al comenzar el acto, en la mesa de ponentes había varios representantes de diferentes colectivos animalistas de la ciudad, pero Julia se fijó en uno en concreto. Podría más o menos tener su edad, puede que algo más joven. Pelo moreno, largo recogido y con unos «aires de “hasta la vista baby”» que la habían dejado prendada. Tanto fue así que la charla se le pasó observando como aquel chico de arriba a abajo. Imaginó fugazmente como los dos se escondían de los demás por un rato, y cómo esos labios tan bonitos del chico hacían en su sexo junto a su lengua.

 

—Julia, despierta, que nos toca— Escuchó de fonda a Ana.

—Sí, perdón, hoy estoy «espesita»— Respondió «acalorada».

 

Una vez terminó el evento, todos pasaron al exterior donde les esperaban unas tapas y algunas bebidas. Allí charlando con Ana y más amigos, Julia buscó con la mirada al chico de la mesa de ponentes. Lo encontró cerca de las cervezas, riendo y charlando. Lo «escaneó» de arriba a abajo, parándose en su entrepierna —¡Buff! Cómo me gustaría saber qué tiene «escondido» ahí. Voy a por una cerveza Ana— A lo que su amiga contestó —Pero si tú no bebes cerve…— Pero ya Julia estaba a la altura del chico.

 

—Hola ¿están frías?— Preguntó Julia.

—Hola, estas de aquí sí, las de abajo aún están calientes.

Y Julia pensó —¿Caliente? MMmmmm…

—Soy Edu, es el primer evento al que me envía la coordinadora.

—Yo Julia, una de las «cansinas» que no falta a ninguna.

—Ja, ja, ja… Vaya, entonces creo que debería haber venido antes.

—Pues sí…

 

Y así charlaron un buen rato hasta que Julia comenzó a pensar —Déjate de rollos y vámonos a cualquier sitio— y perdida ya de la conversación dijo casi de manera automática —¿Nos vamos de aquí?

 

Edu se quedó por un momento petrificado, y justo cuando Julia iba a retroceder dijo —Donde usted mande— Y así sin que nadie apreciara su ausencia, fueron hacia los coches, se montaron en el de Eduardo y salieron carretera adelante.

 

En el camino, silencio, pero no un silencio incómodo, más bien lo contrario. Música rock de fondo, mientras que Julia desplazaba su mano izquierda sobre la pierna de Edu, para llegar muy despacio a su entrepierna —¡Uff! ¿Vamos muy lejos?— Preguntó llevada por su deseo —No, cerca de aquí hay una finca abandonada— respondió Edu mientras Julia notaba ya la tremenda erección de su nuevo amigo.

 

Salieron de la carretera como a 5 kilómetros, entrando en un camino semi asfaltado. Al final del camino Edu se bajó, abrió una cancela y entraron con el coche. Aparcaron en el lateral de la casa abandonada, fuera de la vista de cualquiera que pudiera pasar. No pasó ni un minuto sin que comenzaran a besarse como locos encendidos por un deseo irrefrenable. Edu desabrochó los botones de la camisa de Julia mientras la besaba; Julia desabrochó el botón del vaquero de Edu y salió de dudas en cuanto a qué escondía dentro.

Su boca era pura agua, bajó su cabeza y comenzó a lamer suavemente aquel regalo tan inesperado. Edu, con firmeza pero despacio, levantó la cabeza de Julia, la echó hacia atrás, le bajó la ropa… Julia ya no estaba en este mundo. Llevada por su propia lujuria saltó a la parte de atrás del coche colocándose de espaldas a Edu, mostrándole su lindo trasero, deseoso de juego. Edu correspondió a Julia y pasó detrás, suavemente besó las nalgas de Julia mientras su mano acariciaba su sexo, húmedo, palpitante. Dio un pequeño bocado en el trasero de Julia, recogió su gemido, se incorporó un poco y comenzó a penetrarla por detrás al ritmo de Highway to Hell.

 

Julia tomó el mando y comenzó a mover sus caderas, buscando, como una ola que busca el rompeolas. Cada vez más fuerte movía su culito adelante y hacia atrás acogiendo el miembro de Edu hasta el límite. Subió, más y más hasta que alcanzó el climax en poco tiempo —Ahora tú, dámelo, me traes loca, déjame que saboree tu esencia— Edu se sentó y dejó que Julia disfrutara de su miembro. Lo llevó hasta el mismo cielo con su boca. Al correrse, la sacó de su boca y continuó con sus manos observando cómo brotaba y se repartía por sus manos. Volvió a bajar y a saborear el sexo de Edu, embadurnado en su propio semen —Mmmmm…

 

—Quiero verte en cada reunión o evento que hagamos ¿Está claro?— Aseveró Julia.

—No lo dudes Julia— Intentó decir a duras penas Edu.

 

Y así Julia y Edu volvieron al almuerzo del evento, algo más «acalorados».

 

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