Elvira y su fantasía

relato caliente

A solas en mi habitación, desnuda, maniatada y con los ojos vendados.


Así me ha dejado Sergio.

Sin comprender bien cuál es su propósito.

Con la música de fondo. Mis oídos solo escuchan a Otis Redding y su “A fool For you” en los altavoces y su voz lejana al cerrar la puerta despacio.

– No te muevas, enseguida vuelvo.

Muero de excitación. Mi cabeza comienza a elucubrar con lo que va a suceder.  

El calor interno extremo que me invade prelude ríos de gozo constante gracias a su sorpresa.  

Desearía tener los dedos dentro de mí para aliviarme, pero estoy atada con un gran lazo de seda que solo permite unos leves e imperceptibles movimientos de mis muñecas.

No me duele. Los nudos no están fuertemente atados pero tampoco, lo suficientemente sueltos, como para que pueda escaparme. Lejos de mi teléfono móvil ni cualquier otra distracción.

Estoy sola con mis pensamientos y la música que me acompaña de fondo.

Espero impaciente con mi respiración agitada. El calor de esa tarde de verano no ayuda mucho a sofocar el ambiente.

Así empezó todo…

Esta mañana al despertar mi chico estaba extrañamente taciturno y pensativo en su café.

Sabía tramaba algo…

Su cabecilla enmarañaba algún plan morboso para sorprenderme por nuestro aniversario. Yo me dejaba llevar por mis pensamientos abstractos, mientras esparzo la mantequilla sobre mis tostadas calientes.

Prefiero no preguntar por no fastidiar la sorpresa sea cual fuere.

Bebo un sorbo rápido de mi taza de café con leche, sin azúcar y recuerdo aquel día de confesiones mutuas, cuando le sugerí hacer realidad mis fantasías más íntimas.

Fue una de aquellas conversaciones en las que sientes miedo, arrepentimiento y …excitación.

Mi boca comenzó a desembuchar aquella confesión sin preámbulo alguno.

Sintiendo en mi interior una singular liberación.

Deseaba experimentar sexualmente con más personas,mantener sexo con otros pero en presencia de él. Me volvía loca la idea de tocar a una mujer mulata y fantaseaba a menudo con ello.

También me atraía la posibilidad de  jugar con otro hombre.

Quizás un amigo suyo predispuesto a ello, sería lo idóneo ya que ahí no tenía una idea o un físico mental. Sólo era el deseo de ser penetrada por otro hombre mientras mi chico mirara…

 

En definitiva formar una pequeña orgía de sensaciones libres de prejuicios.

Aun teniendo mucha confianza, una fantasía de este calibre nunca es fácil de confesar.

Así que cuando una inicia ese tipo de conversación las cabezas comienzan a producir potentes y frecuentes secuencias sexuales, con pequeñas variaciones, como si estuviésemos descubriendo placeres que tan sólo serian virtuales.

Se me cae la tostada con mantequilla al suelo y vuelvo a la realidad. Él sigue con su mirada absorta ante el café, intenta evitar a toda costa vea en sus ojos un destello brillante.

Lo conozco, se que algo trama.

El día transcurre de lo más normal con nuestros quehaceres cotidianos.

Sobre las 4 de la tarde regresamos a nuestro hogar.

Una ducha fría juntos, es el inicio de la aventura que me espera, desconozco que hoy mi fantasía se va a materializar.

Jugamos con la espuma bajo el agua entre risas y besos húmedos.

Pero, Sergio me deja intencionadamente a medias.

Se ha dedicado a retirar el jabón de mi vagina con sus dedos, pero yo quiero más y solo pretende que mi excitación aumente.

Salgo algo apesadumbrada  de la ducha envuelta en una toalla y me siento al borde de la cama para ponerme crema, sin apenas decir nada, ni emitir ninguna queja por lo sucedido en la ducha.

Apenas me ha dado tiempo de darme cuenta de que él está observando con mirada lasciva. Lleva entre las manos un lazo grande de seda negro.

La felicidad vuelve a recorrer mi cuerpo, después de todo si voy a tener sexo y no me va a dejar con este calentón.

Tapa mis ojos con un antifaz oscuro. Percibo la seda en las muñecas y me dejo hacer. Mientras la toalla cae sobre el suelo, yo emito un breve gemido de satisfacción.

-“Mi pececito, hoy si te mojaras en nuestra marmita, te lo prometo”.

Esas palabras susurradas a mi oído, erizan mi piel. Son nuestros mensajes en clave, esos en los que cualquier otra pareja se entiende hablando y nosotros lo hacemos subliminalmente.

Suena la música y oigo cómo se despide al cerrar la puerta.

No soy consciente de cuanto tiempo paso así. Todos mis sentidos están alerta esperando a que suceda algo…

Desnuda como un gusano, rabiosamente suya, caliente y húmeda. La ansiedad me carcome el alma.

De repente el sonido de unos tacones al pisar el suelo. Un olor a perfume dulce. No entiendo nada. Siento sobre mi piel desnuda una mano femenina y suave.

Estoy acostumbrada a las manos huesudas de mi chico y aquello me descoloca.

La desconocida acaricia lascivamente la parte interior de mi muslo.

-“No te asustes. Sólo déjate llevar por el placer”. (susurra a mi oído impaciente por obtener respuesta.)

Temblorosa de mí, consiento sus besos en mi nuca acercándose despacio a mi boca. Labios carnosos, rizos que bailan sobre mi cara y la repiquetean con su aroma. Su saliva se mezcla con la mía.

Escucho atenta con la mirada baja, sin poder negar nada de lo que me dice.

Realmente muero por sentir eso y mucho más. Quiero con todas mis fuerzas que suceda sin que me importe el después. Es el aquí y ahora.

Desata mis muñecas con delicadeza, poniendo mis manos sobre sus pechos desafiantes y siento como se erizan sus pezones al ser pellizcados por mí.

Sigo sin ver por el antifaz opaco, pero, el tacto de mis manos me dicen que hay un cuerpo escultural de cintura estrecha y caderas generosas enroscadas a mí cintura.

Mientras acarició cada recodo de su piel, para ayudarme con el resto de mis sentidos agudizados trato de descifrar de quién se trata, sin resultado alguno.

Aún así me dejo llevar por esa desconocida que me envuelve con sus piernas.

Siento como crece la humedad entre mis piernas. Su aliento cálido genera una corriente de placer descendiendo hasta mis pechos desnudos, y después hasta mi sexo.

No se si negar con la cabeza, pues mi mente desea aquello más que nada.

Su lengua acaricia mi clítoris a su antojo, provocando una explosión en mi. Sucumbo al orgasmo entre gemidos que invaden el silencio de la habitación.

De repente siento como hay alguien más en la habitación. No es el habitual aroma de mi chico. Pero, se que se trata de una presencia masculina. Sus pasos al entrar en el dormitorio son fuertes y firmes. noto como se acerca hacia los pies de la cama y escucho como se arrodilla ante mi como si de una divinidad se tratará.

Una barba incipiente y mal afeitada roza mi cara. Me esfuerzo por buscar el cuerpo femenino que me acaba de proporcionar un sublime orgasmo, pero no está cerca.

La oigo gemir en la estancia a pocos metros de mi. Hay unas manos que suben desde mis pies a mis pantorillas.

Mis muslos aún abiertos por la devoción de aquel delicado cunnilingus, pidiendo más guerra sin saber de qué manos llegará el placer.

Acarició los pectorales de un hombre con algo de sobrepeso y de piel suave. Sigo oyendo como en la habitación a su vez alguien penetra con lentitud desesperante a mi anterior compañera que emite gemidos medio ahogados.

El desconocido a su vez me masturba, me va acunando entre besos y confidencias, en un ritmo pausado.

-“Se que deseas esto…”

Su voz me es totalmente desconocida, grave y varonil . Es un amigo de mi chico que trabaja como diseñador gráfico …y por lo visto le debo gustar bastante. Si no, ¿porque está aquí prestándose a tamaña fantasía.?

Mi cabeza aturdida ante la situación, se desboca en imaginar que sucede allí. Descubro que los ruidos provenientes de la estancia son mi pareja follando con la otra mujer.

Mi excitación va “in crescendo”, aquel chico me masturba con frenesí mientras oigo follar a mi chico con otra.

Mis caderas se retuercen de placer, mi abdomen se pliega sobre mi misma, gritó pidiendo que alguien me quite el antifaz con la esperanza de saber que está ocurriendo y si estoy acompañada de alguien más.

Desde luego sé que puedo hacerlo yo misma, pero, no quiero romper la magia del momento o ser demasiado apresurada.

Mi voz retumba en nuestra habitación, ahora habitada por cuerpos deseosos de sexo, sudorosos y calientes.

Percibo más manos recorriendo mi cuerpo, y de nuevo la chica desconocida busca mi boca y mi aliento. Vienen a mi, en mi socorro, seis manos que me recorren entera sin dejar un orificio libre.

Busco y palpo. En una mano sujetó la polla de mi chico, la reconozco de sobras. conozco su textura y grosor. Con la otra, sujeto la de su amigo.

Mi antifaz cae sobre el colchón. Mis ojos tardan un poco en acostumbrarse a tanta luz.

Mi chico, sentado junto a mí, sonríe cómplice y me besa tiernamente.

Su amigo no deja de gemir mientras yo no lo dejo de masturbar. No he podido parar de hacerlo.

Ahora puedo ver a la mujer. Aquella mulata de cuerpo escultural, labios carnosos y sonrisa perfecta de mis fantasías se ha hecho realidad. Y me susurra al oído:

– Tu chico folla realmente bien, ¿ te ha gustado oírnos?

Asiento con la cabeza aún estupefacta por la situación.

Toda esta amalgama de cuerpos extasiados de sexo, ha sido orquestada por Sergio.

Este es mi regalo de aniversario. Sin duda el mejor regalo que he recibido nunca.

 

Ha hecho realidad mi fantasía.

 

En ese preciso instante, fue en el que descubrimos que los dos éramos unos perversos.

Fue en ese instante en el que nos dimos cuenta de la extraña comunión entre nuestras pieles y nuestras mentes, esas uniones que no suelen darse muy a menudo y que cuando acontecen son el preámbulo de un descenso a los infiernos, un embriague de los anhelos más profundos, esos que los mortales vetan en las camas del amor convencional.

Estuvimos follando entre todos como locos durante cinco horas o más. Todo fue muy natural y, a la vez muy pervertido.

Ellos se turnaban para follarme incansablemente, me lamían, me tocaban y me veneraban.

Extasiados de aquella ceremonia de cuerpos sudorosos caímos placenteramente muertos sobre nuestro colchón al amanecer.

Ese fue el preámbulo de muchas fantasías más con mi compañero del alma…

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Iria

Cuando tenía 16 años, llegó a mis manos mi primera novela erótica (Las edades de Lulú). Quedé totalmente prendada de ella y su narrativa, a partir de ahí comencé a escribir mis propios relatos y he hecho de ello un modo de vida, una manera de expresar mi verdadero yo interior. Si quieres conocer más sobre mi trabajo no dejes de visitar el blog www.Relatoseroticosiria.com

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