El nuevo local

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El nuevo local


Un viaje para firmar los papeles de una vieja casa familiar puede ser muchas cosas, o varias a la vez.

Esto es lo que les pasó a Pedro y Marta que, en principio, viajaban apenados desde Cádiz a Donostia para firmar ante notario los papeles de la venta de la casa familiar de Marta.

Aquella casa tenía impresa en sus paredes los recuerdos de tres generaciones enteras, incluso para ellos, que desde que se conocieron, habían pasado allí casi todos los veranos.

 

Después de un viaje duro en coche de muchas horas, Pedro y Marta llegaron por fin al hotel para descansar hasta la mañana siguiente en la que tenían la firma.

Marta había pasado mucho rato del viaje callada, pero en cuanto cerraron la puerta de su habitación dijo —No puedo más con esto, no quiero ponerme así de triste, esta noche nos vamos de pinchos y a bailar ¿Te parece?— Pedro sonrió al notar ese cambio en Marta y asintió con la cabeza y su gesto.

Así que dispuestos los dos a no dejar que un acontecimiento triste empañara un viaje a una ciudad tan preciosa como San Sebastián, se ducharon y arreglaron para una noche de buena comida y diversión.

 

San Sebastián es de esas ciudades en las que es difícil entrar a un bar y no acertar, y así fue. Una vez en «Lo Viejo», como suelen llamar al centro en Donostia, entraron felices en cuantos bares de pinchos les apetecía, regando aquellas exquisiteces con buena sidra de la tierra.

Pasando una hora tanto Marta como Pedro estaban ya saciados y… bastante «rumberos», así que Pedro preguntó a Marta dónde le apetecía ir a bailar y desmelenarse. Marta respondió ilusionada —No sé, hace un par de años que no venimos ¿Probamos algún local nuevo?— Y claro, Pedro volvió a asentir, cogió de la cintura a Marta y dijo —¿Me concede usted este baile y los próximos mil?— Rieron, se besaron y se encaminaron hacia donde «la noche» les quisiera llevar.

 

Unas calles y esquinas más adelante —¡Leñe! Mira qué «guapo» ese de ahí, con su portero y todo— Dijo Pedro a Marta. Ella ni contestó, eran tantas las ganas de quitarse el mal sabor de boca de la venta de la casa, que corrió hacia la puerta del local como una adolescente.

 

—Buenas noches pareja
Recibió el portero a nuestros protagonistas.

—Hola buenas noches ¿Hay fiesta privada o algo? ¿Cuánto es la entrada?

Contestó Marta.

—Sí a la primera pregunta. Por la segunda no os preocupéis, las parejas entran gratis.

Replicó el portero, no sin antes lanzar una sonora carcajada.

 

Así que aquel caballero tan amable les abrió las puertas y entraron. Pedro iba a comentarle a Marta que le había parecido rara aquella conversación, pero por un momento la perdió de vista porque ella ya estaba en la barra pidiendo un par de copas, así que se olvidó de aquello y corrió a su lado diciendo —Por favor la mía no me la cargues mucho que ya voy «doblao»— Volvieron a reír y brindaron —¡¡Fiesta!!

 

Sin mirar a nada ni a nadie Marta cogió a Pedro del brazo y se lo llevó al centro de la pista. Bailaron y bebieron felices un buen rato hasta que Marta quiso ir al baño —Aguántame la copa por favor, no tardo nada— Ella se encaminó al baño y Pedro buscó un poco de descanso en una esquina del local con unos sofás que parecían súper cómodos.

 

A medida que se acercaba, la poca luz del local le dejó apreciar un par de siluetas.

Aún así, pensó que el sofá era lo suficientemente grande como para no invadir la intimidad de nadie, así que se acercó más, más, y justo cuando estaba delante de la mesita y los sofás pudo comprobar como, sentado en la parte izquierda, una pareja se besaba apasionadamente. Se detuvo, y justo antes de darse la vuelta la chica de la pareja le dijo —¿No te sientas?

 

«Vestido de vergüenza» de arriba abajo, Pedro balbuceó —¿No os importa? Gracias.— A lo que el chico respondió —Claro que no ¿Cómo te llamas?— Pedro, en «pausa», contestó:

—Pedro, un placer.

—Nosotros somos Javier e Isa, encantados.

Contestó el chico, y continuó…

—No eres de por aquí ¿Verdad? Por tu acento diría que eres andaluz.

Pedro, intentando ubicarse dijo…

—No, somos de Cádiz. Vengo con mi pareja, se llama Marta.

Javier e Isa sonrieron, e Isa respondió…

—Mmmmm… ¿Y dónde está Marta? ¿«Ocupada»? (Risas otra vez).

—No… vamos, digo sí, está en el baño.

Y justo cuando Pedro terminaba la frase aparece Marta diciendo…

—Qué bien, has hecho amigos. Soy Marta, encantada.

Plantó dos besos a cada uno y se sentó justo entre Javier y Pedro. Antes de que nadie pudiera volver a contestar, Pedro cogió a Marta de la mano y dijo —¿Por qué no pedimos otra copa?— Y Marta, algo extrañada porque aún le quedaba más de la mitad, dijo —Pero si aún…— Sin dejarla contestar Pedro se levantó y condujo a Marta hacia la barra. Allí empezó a decir —Marta, creo que…— Y Marta interrumpió —He flipado en el baño.

Dentro de uno se escuchaban unos gemidos escandalosos, me he puesto caliente, «hirviendo» ¿Qué me ibas a decir?— Y pedro, con una extraña tranquilidad inducida por el alcohol dijo —Pues eso, que el local es nuevo, y liberal… ¿Qué hacemos?— Marta hizo un silencio de dos segundos que parecieron media hora y contestó —Me apetece quedarme… ¿Y a ti?— Pedro sintió como toda su energía sexual se ubicaba allá donde su género tomaba su nombre y, después de un suspiro profundo dijo —También ¿Volvemos al sofá?

 

Ya ninguno de los dos recordaba la firma de mañana, las horas de coche, nada. Los dos irradiaban energía, curiosidad, deseo…

Llegaron a la mesita del sofá y la chica de antes, Isa, sonriendo comentó —Mmm… Me alegra que volváis gaditanos, tengo ganas de mezclar culturas… Voy yo al baño un segundo, disculpad. Os dejo con Javier—

 

Desprendidos de todo miedo, se sentaron junto a Javier, quedando Marta entre ellos dos. Marta, con la respiración muy acelerada comentó —Te vamos a ser sinceros; hemos entrado sin saber de qué iba este local, lo hemos hablado y hemos decidido quedarnos. Vais a tener que guiarnos porque…— Sin dejar terminar a Marta, Javier tomó la mano de los dos y les dijo —Tranquilos– Alzó las manos de Marta y Pedro hasta su boca para besarlas lenta y suavemente.

Tanto Marta como Pedro estaban «rendidos». Por fin regresó Isa y dijo —¿Qué? ¿Les has dado la primera clase?— Javier sonrió y contestó —Más o menos ¿Por qué no vamos un poco más adentro? Pido cuatro copas y vamos.

 

Marta y Pedro ardían en ese momento. Mientras Javier pedía las copas Isa condujo a la pareja un poco más adentro, a una sala a mitad del pasillo.

Era la tercera de aquel enorme pasillo en el que se mezclaba la música de Prince con suaves jadeos, risas… Una vez dentro Isa invitó a Marta y Pedro a sentarse.

Una vez sentados los tres Isa se dirigió hacia Pedro y suavemente, a menos de un centímetro, sacó su lengua para recorrer el trazo de sus labios.

Marta dejó que el deseo le guiara y quiso unir su lengua a la de Isa. Javier regresó en ese momento con las copas, las repartió y dijo —¡Por Cádiz y Donostia!

 

Desnudos ya, brindaron, bailaron los cuatro inundados de sensualidad y deseo hasta que en un momento dado Marta, con una mano en cada entrepierna de Javier y Pedro, bajó bailando, contoneándose a la altura de sus cinturas.

Abrió su boca muy despacio y comenzó a lamer aquellas dos pollas. Isa bajó aún más y se colocó bajo la entrepierna de Marta. Sus labios se abrieron, su lengua hizo contacto son Marta y comenzó a deleitarse con su coño.

 

Marta gemía suavemente de placer mientras regalaba a Javier y a Pedro una felación que Pedro recordaría durante años. En un instante Javier se tumbó boca arriba y

Marta, de espaldas a Javier, se sentó sobre él introduciéndose poco a poco su polla erecta. Comenzó a «bailar» sobre Javier, miró a Pedro y, con una mirada llena de deseo abrió su boca pidiéndole sin palabras su polla.

Pedro se puso frente a Marta y le ofreció su miembro a punto de estallar. Isa se colocó junto a Pedro y éste la besó mientras deslizaba su mano izquierda hacia el sexo húmedo y caliente de Isa.

 

Danzaron así al ritmo que sus cuerpos y su deseo les dictaban hasta que Marta pidió a Pedro —Ven por detrás cariño— Y Pedro se colocó detrás de Marta, Isa se sentó frente a Marta, y abriendo sus piernas le ofreció su sexo.

Marta sumergió su cabeza y comenzó a lamer el coño inundado de Isa, hasta que en un momento, levantó su cabeza mientras gemía de placer.

Pedro estaba dentro de su culo y junto a Javier, la penetraron con un suave vaivén. Isa agarró la cabeza de Marta y la volvió a meter en su entrepierna. Eran cuatro almas en puro gozo y deseo.

 

Así, la madrugada les dio el tiempo necesario para improvisar su deseo, sus fantasías, hasta que cayeron rendidos unos sobre otros.

 

La música cesó, Marta y Pedro lentamente comenzaron a moverse, se miraron, sonrieron y Pedro dijo —Verás las ojeras mañana delante del notario. Rieron, bajito para no molestar a Isa y Javier, y después de vestirse salieron hacia el hotel con la sensación de haber ganado al destino, al menos, por esta vez…

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Quizás aún no sea tarde para el ser humano.
Tal vez logremos, a base de caricias, gemidos y jadeos, romper todas las cadenas que nos encierran.

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