El mozo del supermercado

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Relato erótico fantasías.

El mozo del supermercado.


A pesar de que su cara aparenta una edad más joven que la mía, su voz es grave y muy sensual.

Le respondo sin poder evitar mi sonrojado rostro prosiguiendo con mis compras.

Será mejor si me oculto tras la lista de la compra.

Termino mi compra, pensando en el largo día de “maruja casera” que aún me espera.

Esbozando una sonrisa cínica y absurda en mi cara para el resto de la humanidad. De repente noto como uno de los trabajadores del supermercado me observa desde una esquina.

A mi edad, que te mire un jovenzuelo, te llena el ego y el poco orgullo que te queda.  Siento que aún no estoy tan echada a perder. Todavía conservo algo de mi olvidado “sex appel”, continua escondido bajo las arrugas de mi rostro y el devenir de los años.

Me dirijo hacia la linea de cajas. Cargada hasta los topes, meditando como voy a ser capaz de llevar todo ese peso a casa sola.

He perdido la noción en mi compra compulsiva,  llevo el carro lleno de comida. En ocasiones me paso de prevenida y compro como si pasado mañana fuera a suceder una guerra mundial. En mi despensa siempre hay de más. Quizás, pretendo llenar alguna especia de vacío interior con mis compras compulsivas.

De cualquier modo en otras ocasiones ya me he visto en la puerta del supermercado con muchísimas bolsas y he salido del paso airosa.

-Buenos días Cristina. ¿Que tal?

Saludo a la cajera, que a base de vernos tan a menudo ya nos tenemos simpatía mutua.

La cinta de la caja se mueve, transportando los alimentos que he ido depositando y yo me absorto en mi móvil, mientras Cristina hace su trabajo y va contabilizando los productos.

En ese justo instante, vuelve a pasar el muchacho joven que me observaba en la sección de frutería. Lo hace delante de mí, dejándose ver claramente . Dirigiéndose a la Cristina, le dice:

– Es mi hora del desayuno, luego vuelvo.

Y sale fuera del supermercado para apoyarse en un especie de repisa que hay fuera para fumarse un cigarro.

Yo lo observó a través de los cristales, disimuladamente mientras coloca los alimentos sobre la cinta de la caja.

Es atractivo, tiene un aire aniñado pero, a la vez, se ve se le ve la presencia y seguridad de alguien más mayor.

Pago mi compra y cargada como una mula, con torpeza me dispongo a salir del supermercado con total convencimiento de que yo puedo con todo el peso de tantas bolsas. Me despido cordialmente de la cajera.

Al salir por la puerta, él sigue sentado allí, ya ha terminado su cigarrillo, pero, por alguna razón continúa sentado en la misma posición. Tonta de mí y absorta en mis cavilaciones, pienso que aprovecha los rayos solares que nos ofrece la primavera como regalo después de una semana intensa de lluvias.

– Adiós preciosa, que tengas un buen día.

Me dice al pasar junto a él.

Torpe de mí, suelto las bolsas con mi respiración entrecortada. Por mis manos recorre un incómodo hormigueo producido por la circulación cortada por el plástico de las asas de la bolsa .

-Muchas gracias, igualmente guapo.

No se porque narices he dicho eso, no lo conozco, y no suelo dirigirme con esas confianzas a nadie. Contrariamente mi boca ha hablado por sí sola y ahora no puedo retroceder en lo dicho.

Me vuelvo a ruborizar como un tomate y pienso en como podría tragarme la tierra.

El chico al levantarse  automáticamente me roba un para de bolsas a modo de ayuda y me dice:

-¿Vives muy lejos?. Si quieres puedo acompañarte con la compra, vas muy cargada, y es mi hora libre del desayuno.

Yo le respondo con un:

-No gracias, de verás es todo un detalle pero no hace falta.

Además te llevaría tu tiempo ir y venir y no tendrías tiempo de desayunar.

¿Pero que demonios me ocurre?…Piensa mi loca cabeza.

Inconscientemente estoy coqueteando con el muchacho, mi lenguaje corporal no va acorde con el verbal, le estoy diciendo que no, pero quiero ser cortés.

Pero al mismo tiempo mi mente está elucubrando como podría venirse conmigo.

Respiro hondo y decido que lo mejor será irme a toda prisa, no debo actuar así,eso no está nada bien.

El no deja de observarme sonriendo con cara maliciosa.

En su intención detecto como el tampoco esta siendo amable sin más. Es muy evidente, lo que él quiere. Su finalidad es acompañarme a mi domicilio con motivos más perversos.

Entre miradas y titubeos, el muchacho coge las bolsas, las acarrea y así de paso me demuestra lo fuerte que esta y se exhibe ante mí con decisivo pavoneo:

-Vamos que te acompaño.

Sin dudarlo iniciamos el camino hacía mi casa que esta a solo unas cuatro manzanas de allí.

Los primeros pasos son cortantes, al menos por mi parte, suelo ser alguien muy sociable y extrovertida. Esta situación me es del todo extraña. no es que sea novata en lo de ligar. pero una pierde el compás con el paso de los años. Así que ahora resulta más que evidente que no se bien como gestionarla.

Tengo a mi lado un chico muy guapo y joven dispuesto a cargar mi pesada compra como. Toda una demostración de hombría en estos tiempos cuál caballero corteja a su dama.

A diferencia de que esto no es un cuento y yo ni soy una princesa ni estoy soltera como para dejarme cortejar de este modo.

Las ideas agolpan mi cabeza, quiero ser tan solo alguien amable pero de mi boca salen todo tipo de risas absurdas procurando seguir coqueteando sin más con este chico.

Mi cerebro no obedece las órdenes, no hay lógica ni criterio alguno.

La sangre se acelera y claramente estoy actuando como una adolescente hormonada, deseosa de demostrar lo mejor de mi. Me estoy exhibiendo como un papagayo hembra en época de celo.

Mi mente va por libre imaginando el momento en el que lleguemos a la puerta de casa. El camino es relativamente corto, pero ya he visionado la situación erótica unas cien veces.

Y ese momento llega..a unos metros y un semáforo de mi domicilio, la conversación se ha convertido de lo más pícara. Yo me siento en una nube de placer, extasiada por la novedad de que algo curioso sucede en mi rutinaria y aburrida vida de ama de casa.

– Hemos llegado. Le digo intentando que suelte las bolsas en la puerta. Apenas unos 16 escalones separan la puerta de la calle con la de la entrada de mi casa.

– No te preocupes. Yo te las subo.

Me dice el, mirando hacía arriba, intentando ver más allá del pequeño descansillo del portal.

¡Ay madre!… noto como se me acelera el corazón y mi respiración se entrecorta. Tanta amabilidad gratuita se me extraña, y llego hasta pensar mal. Sopesó si la información recibida de su lenguaje corporal.

¿Habrá sido mal interpretada por mi y mis ganas locas de aventuras rompiendo mi tediosa monotonía.? Siempre he sido alguien que medita demasiado las cosas pero esta vez me resultaba fácil dejarme llevar.

Entre miedo, excitación y expectativa me dispongo a subir las escaleras por delante de él.

Por supuesto utilizo mis armas de mujer y dejo ver el contornear de mi silueta con el vaivén de mis caderas bajo en los pantalones leggins que llevo puestos. Noto su mirada profundamente clavada, como me repasa con sus ojos claros de arriba a abajo como si fuera una presa a punto de ser devorada.

Me dispongo nerviosa a sacar las llaves  y abrir la puerta de mi casa.

-¿Puedes dejar las bolsas aquí por favor? Señalando el suelo de el recibidor.

-¿ Te apetece una coca cola o un café ?.

-Al fin y al cabo no has desayunado y era tu hora del descanso.

-Creo que es lo mínimo que puedo hacer por ti después de tu gran ayuda,  todo esto pesaba mucho y sin duda me hubiera costado mucho traerlo yo sola hasta aquí.

Le digo a modo de agradecimiento mientras cuelgo mi chaqueta en el perchero, acicalando mi rostro sudado por los nervios.

Sigiloso como un gato noto como se acerca, quedando a un palmo de mis labios, rozando mi cabello con delicadeza para susurrar de nuevo:

– ¡Lo que me apetece desayunar eres tú!

Un escalofrío recorre mi espalda. En el fondo esta escena típica de película porno “amateur” no está bien. Soy una mujer felizmente casada. Aún así, el deseo por ese desconocido muchacho me embriaga y me hace dudar de lo que siento en ese mismo instante.

Tengo que reconocer que me excitaba la situación y yo la he propiciado. Durante el camino me he imaginado esta tormentosa situación y ahora no puedo echarme atrás..¿o sí…?

Mi rostro pasmado deja claro no sé que hacer…hasta que uno de sus besos se posan sobre mis labios. Su lengua se retuerce en mi interior con una humedad ávida de sensualidad. Sus manos me recorren entera pero con delicadeza. Cogiendo mi cintura me alza sobre el mueble de la entrada.

Me sienta sobre este, quedando cara a cara sin dejar de desafiarme con su clara mirada. Arrancando rápidamente mis leggins de un golpe seco hacía mis tobillos despojando de mi ropa.

Arrodillándose en el suelo frío,cosa que  le importa bien poco. No deja de observarme, busca mi mirada de aprobación mientras sus manos acarician mis muslos.

La humedad de mi entrepierna crece en segundos, y agarro su pelo fuertemente para arrastrarlo hacía mi vagina.

Lamiendo de una manera alocada me recuerda un  perro san bernardo muerto de sed. Su lengua golpea mi clítoris haciéndolo estremecer mientras pellizca mis pezones por encima de mi camiseta.

Mis gemidos son muy evidentes, el muy jodido a pesar de su juventud, sabe lo que se hace, y consigue me deshaga en un orgasmo brutal lleno de espasmos con el cuál casi le parto el cuello.

Me deja jadeando extasiada sin creerme lo que acaba de ocurrir.

Levantándose rápidamente, me besa de nuevo con su candor juvenil. cogiendo de nuevo mi cintura. El sonido de su respiración penetra en lo más profundo de mi ser, me excita aún más si cabe.

Como al compás de un baile me da la vuelta sobre el mueble, mirándome por completo, arqueando mis caderas, exponiendo las para su deleite.

Las bolsas de la compra continúan en el suelo, entre nuestras piernas. Siendo el único testigo de nuestra infiel fechoría.

No tengo tiempo apenas para reaccionar. Su joven miembro erecto está más que listo para embestir sin piedad.  Susurrando a mi oído:

-Llevo todo el camino pensando en esto. Bueno, en realidad lo pienso todos los días que te veo, cuando tú haces la compra.

-Tenías que ser mía como fuera, tenía que follar contigo como fuera.

Ufff.

Suspiro mientras notó todo su miembro abriéndose paso dentro de mí.

Sus empujes son fuertes, tanto, que casi  llegamos a romper el mueble mientras golpeaba contra la pared.

Es impetuoso y lleno de fogosidad, desde luego sabe follar de maravilla y lo alabo entre gemidos y gritos de placer.

Sujeta mi cuello con una mano, mientras los dedos de la otra juguetean con mi boca. Los mete y los saca.  Yo chupo primorosa de mi, como si de una golosina se tratará.

Llegamos al orgasmo casi juntos.  Entre temblores noto como su esperma caliente me inunda. Apenas unos segundos más tarde yo le sigo viendo esa cara aniñada de placer que me ha excitado una cosa bárbara. Se recuesta sobre mí.

Apoyando su cabeza junto a la mía sin sacar su miembro, aún esta erecto y duro y puedo notarla como perdura así un buen rato.

-Eres el mejor desayuno que he tenido. Gracias.

Me dice susurrando extenuado al oído.

Se viste mientras no deja de besarme la cara y los labios. Realmente es alguien no solo fogoso sino  también cariñoso.

-Tengo que irme. Me dice sellando con un beso largo mis labios. su semblante parece algo cabizbajo ante la despedida. O quizás de nuevo lo estoy pre juzgando sin apenas conocerlo como persona.

Me quedo allí medio desnuda sobre el mueble con el espejo de la entrada, testigo de aquella inusitada escena. Anonadada y perpleja despierto de ese instante de locura, con las bolsas desperdigadas por el suelo, analizando la situación y creyendo que todo ha sido un sueño de mi imaginación.

No se si volveré a ese supermercado a comprar…..o quizás …si

Relato hot publicado aquí.


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Iria

Cuando tenía 16 años, llegó a mis manos mi primera novela erótica (Las edades de Lulú). Quedé totalmente prendada de ella y su narrativa, a partir de ahí comencé a escribir mis propios relatos y he hecho de ello un modo de vida, una manera de expresar mi verdadero yo interior. Si quieres conocer más sobre mi trabajo no dejes de visitar el blog www.Relatoseroticosiria.com

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