Diario de Chantalle (parte 2)

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Diario de Chantalle (parte2)


Viene de: Diario de Chantalle (parte1)

 

Al dia siguiente Miguel regresó con el mismo horario a su nuevo puesto de trabajo, le desanimaba enormemente ser un simple conserje limpia escaleras o vete a saber por qué “vía crucis” tendría que pasar por alto de ahora en adelante.

Su orgullo había tocado fondo, la poca dignidad que le quedaba hacía que su semblante cabizbajo paseara por los pasillos de la empresa.

Una hipoteca y tres hijos le obligaban a tocar con los pies en el suelo, aunque ello significará ser un cornudo consentido. Su hombría quedaba seriamente lastimada después de aceptar aquel acuerdo.

A su vez María no dejaba de darle vueltas al tema en casa, transcurrió su día intentando  que todo sucederierá con total normalidad, pero se sentía nerviosa y un poco excitada.

María sentía el miedo de ser la primera vez que estaría con alguien que no fuera su marido, mantenerse ocupada, no pensar en ello, bañarse y ponerse atractiva, fueron las actividades que ocuparon su mente.

Algo de morbo  en su interior le removía las entrañas, sobre todo cuando decidió “vestirse” igual que cuando fue a trabajar a la cena de empresa.

A eso de las ocho y media escucho como se abría la puerta, todos los días era igual, sólo que esta vez Miguel llegaba acompañado por su jefe, los niños ya dormían hacía un rato.

Nadie los había visto entrar en el domicilio como para sospechar que aquellos dos hombres habían hecho un pacto de intercambio sexual.

Miguel inició un pequeño tour por su casa enseñando todas las estancias a su jefe para terminar en el dormitorio donde este se sentó en los pies de la cama

-¡María, te están esperando mi vida!. – la voz le sonó con una ternura distinta.

Abrió y se asomó, enmarcada en el vano de la puerta del cuarto, ataviada como una diosa del sexo, avanzó unos pasos y el señor se llenó los ojos con tal visión.

Fue verla y levantarse de su asiento excitado ante esos zapatos de tacón de aguja que revolvían sus instintos más fetichistas, padecía de altocalcifilia y adoraba los pies de cualquier mujer, pero los de aquella hembra lo volvían loco.

Agitándose de deseo, los calientes pensamientos golpeaban sus sienes haciendo crecer sus genitales.

Miguel seguía pasmado con la visión del morboso cuadro de la lujuria en carne viva y del erotismo en la cima de los placeres terrenales.

Por primera vez observaba a su mujer perplejo de tanto morbo que emitía. No sabía si era la situación en sí, el conjunto que llevaba puesto para otro hombre o ese punto celoso con el que miramos a nuestra pareja cuando sabemos es deseada por otra persona.

Los hombres bebían una copa de Gin- Tonic. El hombre, ciego de morbo y poder decidió dar el primer paso sin apenas acabarse la copa, la besó en uno de sus pechos y se retiró un poco para poder abarcar tanta belleza junta.

-Me pareces tan linda, mira lo que ¡me voy a cenar! Un delicado coñito… –hablándole sin pudor al estupefacto Miguel.

El jefe había perdido la noción del tiempo y espacio, sólo importaba poseer a aquella hembra tan especial.

Dejó la copa sobre la mesita de noche en la que había un retrato del día de la boda de María y Miguel, sin importarle lo más mínimo y ahí mismo, delante del marido, la abrazó y la besó con apasionado deseo, metió la lengua dentro de su boca como para hacer una exploración.

María se sorprendió respondiendo, sin pensarlo, del mismo modo a pesar de que Miguel los miraba, aquel hombre maduro y seductor de canas blancas, le contagiaba su calentura.

La afiebrada pasión los quemaba a ambos por dentro por igual.

María tenía que dejarse de instintos, retomar conciencia de cómo y porqué estaba ahí, y se prestó a cumplir del mejor y más leal modo con el trato convenido, intentando dejar de lado la humedad que aquel hombre le despertaba en sus bragas..

Mientras Miguel parecía el tercero en discordia sobre el filo de la cama,el jefe no paraba de sobetearla y apretarle el culo como si de su propiedad fueran, hasta meter sus dedos buscando la vagina para ir teniendo un adelanto de lo que se comería.

– ¡Estás buenísima María!, quitando su sujetador en una rápida maniobra para  comenzar a mamarle los pechos con increíble entusiasmo.

Ponía pasión en la brutal mamada que le hacía imposible controlarse, metía la cabeza entre los grandes pechos, engolosinado de tal modo que aunque era brusco intentando conseguir su preciado premio, contagiaba su calentura a ambos por igual.

Miguel como espectador y vouyeur y Maria como su puta personal para aquel instante. Apreciaba la sensación de los labios húmedos y febriles en sus tetas.

Tal vez fuera la sensación transgresora de hacerlo con un extraño, el señor de unos… 50 años (descontrolado) se desprendía como podía de su cara ropa, era un lobo hambriento que no podía soltar la presa.

La pasión lo había superado, le urgía follarsela ya mismo, sin sentido de prudencia y pudores, nada más que sus ganas existían en aquel instante fugaz,  consideraba a María de uso y abuso, su propiedad por esa noche.

En un santiamén quedó desnudo, el marido de María, hacía de gran cornudo, mudo espectador del increíble acto de deseo y desenfreno de su jefe.

La polla del hombre, totalmente erecta hizo su aparición muy rápidamente para su edad, sujetando la con sus manos mientras se masturbaba ante la mirada atónita de ellos.

Esa imagen excitaba por igual a Miguel que María que no hacía más que mirarla mientras humedecia su entrepierna.

Su miembro no era muy largo pero suficientemente grueso como para saber que le esperaba una buena follada.

-¡Anda, dale unos besitos tiernos y húmedos María! -suplicaba el señor, señalando su polla.

Ella, sin dilación se arrodilló delante de su dueño por aquella noche, la besó, paseó la lengua por toda su extensión, jugueteando con sus manos, mientras acariciaba sus pelotas.

– Pajeame despacio, hazlo María.

Ella obedecía, sin dejar de mirarle a los ojos,desafiante, controlando cada gesto, cada movimiento, sabía que a los hombres les gustaba aquello aunque nunca hubiera hecho eso con ningún otro hombre más que no fuera su marido Miguel. Sabía que mientras le propinaba una  mamada debía estar mirándole.

Los besos se hicieron más intensos y húmedos, la boca se le llenaba, con cada chupeteada la saliva se le escurría por la comisura de sus labios.

Sentía una agradable sensación de ternura, verlo excitado, brutalmente expresivo, como si estuvieran solos en el mundo, sin saberlo ella había saltado a otra dimensión, otra vida, otra forma de ver la vida, otra forma de disfrutar del placer de la carne, otra forma de gozar y hacerse gozar.

Este hecho marcó un antes y un después en su vida, jamás renegó de esta forma de vivir y sentir el sexo, convertirlo en una forma de trabajo placentero en su futuro como escort.

En ese momento se dio cuenta que siempre dentro suyo sintió esa vocación de prostituta, de servir al hombre en todos sus deseos.

Aquel hombre había podido transmitirle su calentura, contagiado de modo inusual mientras sacudía su miembro dentro de su boca, sentía como su vagina comenzaba a mojarse muchísimo más.

Sin poderse contener por más tiempo, el hombre  la levantó por los hombros y con autoridad dijo:

-¡Vamos a la cama putita! –mirando al cornudo marido que seguía de pie observado el fogoso espectáculo como si fuera otra gente y no su esposa, siguió:

-Llegó el momento Miguel, me voy a follar a tu esposa, nos vemos mañana…Invitando al pobre cornudo a salir del dormitorio y a no poder seguir viendo que más ocurría allí.

Por un momento Miguel, temió por la vida de María, pero eso no le detuvo para que sus pasos lo guiarán hacia la puerta para abandonar a su suerte a su mujer.

Sentía como que María era la prostituta de aquel hombre, una escort de lujo contratada para aquel servicio y él su proxeneta.

El señor,acudía semanalmente a una casa deputas en valencia, para no ser reconocido en aquel pueblucho de mala muerte como el perturbado fetichista de pies y otras parafilias, adicto al sexo ocasional.

Casado y habituado al sexo marital en su vida particular, ahora se encontraba trastornado por las voluptuosas formas de aquella mujer casada con otro pero que actuaba ante el sexo como cualquier otra puta de Valencia,  a las que era fiel devoto aquel hombre.

María afloraba en él los instintos primarios del deseo, y lo hacía sentir toda una fiera para el amor sin recurrir a su pastillita azul acostumbrado a consumir semanalmente en sus escapadas clandestinas.


El calor inundaba su rostro, los ojos abiertos incrédulos se llenaban de carne trémula,  estaba dispuesto a poder hacer todo lo que su fantasía había pergeñado en esas noches de febril calentura mientras satisfacía el mono por aquella mujer en otros coños desde el momento que la vio entrar en su empresa:

Su gran hora había llegado. Le rompió el tanga de un tirón, la tumbó en la cama, de espaldas, ella se abrió de piernas mostrándole todo su esplendor.

Como un poseso se abalanzó sobre la boca vertical allí expuesta, toda depilada, besos ardientes con lengua, paleteando una fogosa y alucinante lamida que  hicieron sentir extrañas sensaciones a María.

Mientras él se comía aquel coño desbordante de humedad y se llenaba la boca en el manantial de jugos, ella pensaba como sería dedicarse en pleno a eso de ser la esclava sexual de alguien, el hecho de prostituirse y de comó necesitaría un nombre artístico por así decirlo para ejercer.

Se dejó acomodar, sus piernas descansan sobre los hombros del hombre, para poder comerle con más comodidad, hasta casi ahogarse, por dos veces, en los profusos jugos que la inundan mientras ella se corría como nunca lo había hecho jamás con su marido.

Afuera Miguel escuchaba sus gemidos desde el sofá.

Todo era un mar de gemidos, lamidas y jadeos sobre la cama matrimonial, proporcionando más morbo a la situación. El hecho de  que Miguel esperara fuera y pudiera oírles excitaba más a los dos.

El sentía que ha llegado el momento, montando sobre ella abriendo más sus piernas para metérsela hasta el fondo,ella rodeándolo con estas, enlazadas en su espalda como una hiedra de carne aprisionaba a aquel desconocido hombre que la penetraba de forma salvaje.

Una y otra vez, con vehemencia y brutal deseo, entraba al fondo con su pene duro como la piedra y lo sacaba para volver a repetirlo produciendo maravillosas sensaciones en cada embestida hasta propinarle varias corridas.

-¡Me encanta seas mía, hoy eres sólo mía y de nadie más!  -vociferaba y gritaba para más tortura del pobre cornudo de Miguel.

El ambiente de lujuria y el morbo llevaba la libido a niveles máximos en María. Jamás hubiera imaginado una situación similar en su vida, y la estaba disfrutando al máximo.

Estaba llegando al momento culminante, sin reprimirse en gemidos, más aquel hombre sintió como la vida se le escapaba por un instante en un tropel de semen blanco que termino por explotar dentro de ella.

Sin preguntas, simplemente se corrió dentro de ella como un chiquillo en aquel polvo revitalizador, regó el interior de la vagina complaciente de María que  agradecida comprimía el pene de él.

Podía sentir el latido rápido de su corazón recostado sobre el pecho de ella resultando ser muy distinto a cuando Miguel se corría. Este hombre a pesar de su madurez le ponía garra, era un delicioso cabrón, después de todo.

Descansaron por un rato tomados de la mano, en silencio.Pero, aquel hombre no iba a desaprovechar la oportunidad y se iba a marcha a casa, tenía que disfrutar de su compra una vez más, iba a pagar una generosa cantidad y quería amortizar una vez más.

Sólo de pensar en ello se empalmo en pocos minutos como si de un veinteañero se tratará.

La puso de nuevo a cuatro patas para enchufarla desde atrás levantando bien el culo y poder recibir las primeras embestidas.

Extasiado, acariciaba y besaba jugando a morder su culo mientras se detenía de nuevo en su fetiche agarrando de María por los tobillos para tener contacto con aquellos tacones que lo ponían tan excitado.

-¡Me encanta tu culo mi puta!

Pasaba de los elogios a las guarradas sin parar, era su forma de expresar cómo apreciaba esa “compra por ella”

-¡Esta noche eres mía!, me voy a follar a la mujer de ese cabrón cornudo que está escuchando como te lleno el coño.

-Repetía sin cesar para molestar más a Miguel que esperaba paciente sin interrumpir fuera. Eso le excitaba aún más, saber que era dueño de la mercancía de otro al menos por aquella noche, se sentía poderoso sabiendo que el dinero lo compraba todo.

Montado sobre ella, asido de las ingles, la penetraba con fuerza y pasión descontrolada.  De pronto María dejó irse en una “corrida estrepitosa”,sentía los latidos de aquella polla dejando salir el semen dentro de ella de nuevo.

Tapando los gemidos de la boca de él con su mano, por miedo a que Miguel rectificára y entrase acabar de una vez por todas con todo aquello.

El descanso trajo un poco de paz al exigente derroche de energías.

Salieron del cuarto, ella ahora se sentía algo más liberada, Miguel esperaba fuera como un tigre encerrado, nervioso se había ido de un cuarto al otro cuarto, recorriendo todas las estancias de la casa, bebiendo unos tragos.

Lo invitaron a entrar al dormitorio, permanecían desnudos, ella sentada sobre sus rodillas, miraba fijamente la reacción de Miguel.

Fue un momento casi de ternura, de contención de ella hacia su marido que mostraba su faceta más intimista, acariciando su mano ante la presencia de aquel otro hombre desnudo en su cama.

Miguel sabía que aquel hombre había hecho disfrutar a su mujer más que ninguna de las veces con las que él había compartido con ella. Por un lado los celos le mordían interiormente, por otro se sentía extrañamente excitado y se notaba su erección bajo el pantalón.

Durmieron juntos, los tres abrazados hasta la mañana siguiente,  fué una noche  de lo más plácida después de aquella delicada situación.

Por la mañana María despertó a los niños, preparo el desayuno como cualquier otro día  normal y los llevo al colegio, dejando en la cama aquellos dos hombres. Al regresar se desnudó, y entró descalza en la habitación, abriendo la persiana para que el sol entrara.

Primero beso a su marido y cruzó una mirada y una sonrisa con él segundo.

La pregunta casi obligada del marido al despertar sobresaltado junto aquel hombre y ver a María desnuda ya de día fué:

-¿Ya ha pasado todo  ?

-Sí, todo está resuelto. -Dijo aquel hombre, entre bostezos mientras se vestía.

María y Miguel corrieron juntos hacía la ducha, tenían la necesidad imperiosa de “limpiar lo sucedido” y pedir disculpas de algún modo por lo sucedido. Enjabonados y  repartiendo mimos mutuos pusieron el broche a una noche de pasión y sexo sin control, follando contra la mampara de la ducha.

Mientras aquel hombre que la noche anterior parecía tan tosco y manipulador les había preparado el desayuno, los tres juntos, ¡Sí, los tres juntos!

-Rafa, ya está todo arreglado,  sabes soy un hombre de palabra y por mi parte hoy hablaré con la Dirección y  no perderás tu puesto de trabajo nunca más.

Sus caras lo decían todo, se sentían aliviados, había sido una noche intensa, extrañamente perturbadora en la que hizo los tres cuestionaran el sentido de sus vidas.

María había sabido sacar lo mejor de aquella situación, se esmero para que fuera extraordinaria.


Ella misma, disfruto de un placer inimaginable, se sentía bien consigo misma.

Ningún sentimiento de culpabilidad hacía sombra a lo sucedido, no creía que ese hombre que se había aprovechado de la situación, por el contrario, sentía casi una deuda de gratitud por haberla hecho experimentar a otro hombre y de ese modo, tan excitante, algo que jamás olvidaría.

En su mente hasta  llegó a considerar el hecho de descubrir su vocación de ser prostituta.

En estas cavilaciones pasó el resto de la mañana. Más tarde cuando aquel hombre se marchó con un efusivo abrazo hacia el matrimonio, aprovecharon para charlar sobre lo sucedido.

Aquello había marcado un antes y un después para todos. María le confesó a Miguel haber disfrutado mucho de aquel hombre y aunque sus sentimientos seguían intactos hacía Miguel, se sentía pletórica de sexo.

-Claro, no quiero engañarte, sí sentí placer y gusto de hacerlo, me calenté mucho cuando me sentí acariciada y deseada. No voy a negar que me sentí muy a gusto a pesar de ser un desconocido,de sentir una polla distinta en mi vagina.

Pero tan solo fueron esos momentos, tú siempre estás en mi mente y a mi corazón.

Hoy en día, María es ama de casa de día para convertirse en Chantelle de noche. La scort más codiciada de Valencia. El jefe de Miguel, prendado de su sexo desde aquella noche la siguió codiciando para convertirse en adicto a ella y su sexo.

Este hoy por hoy “agradece” las “atenciones sexuales” personalizadas de Chantelle con regalos, ropa y dinero, pagando sus servicios puntualmente cada dos días para  finalmente llevarlo a la ruina a él y a su empresa.

El chantajeador sexual ahora es la víctima…. Pero esa es otra historia….

Así comenzó la historia de Chantelle, una prostituta con principios y sin engaños, que no besa en la boca para respeto de su marido pero que sí tiene orgasmos y disfruta del sexo como pocas…

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Iria

Cuando tenía 16 años, llegó a mis manos mi primera novela erótica (Las edades de Lulú). Quedé totalmente prendada de ella y su narrativa, a partir de ahí comencé a escribir mis propios relatos y he hecho de ello un modo de vida, una manera de expresar mi verdadero yo interior. Si quieres conocer más sobre mi trabajo no dejes de visitar el blog www.Relatoseroticosiria.com

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