Corsé

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Relato erótico parejas.


Aburrida hasta la saciedad, hasta considerar el suicidio como alternativa aceptable, hasta pensar que voy a metamorfosearme en planta…

Tomás y yo discutimos hace dos días, la verdad es que no sé por qué, alguna chorrada de las nuestras que derivan en dos o tres días sin dirigirnos la palabra y sin vernos apenas en casa, cada uno a su aire y sus historias.

Mejor dejo de lamentarme y hago algo útil, como ordenar las cajas del armario, que llevan ahí mil años y ya no sé ni lo que contienen. Y así empieza esta historia de un aburrimiento espantoso, de un enfado y de un corsé dentro de una caja y que no tengo ni idea de por qué está ahí.

 

Feo es un rato, para nada mi estilo, demasiado cursi con tanta flor de lis en negro sobre crema, demasiado perifollo para lo que a mi me gusta.

Su tacto sí me gusta, es suave, gustoso, la seda de los volantitos que cubren el pecho se nota que es buena, la sensación en los dedos es deliciosa, una caricia, que pena que sea tan tan feo.

Me miro al espejo y me lo pongo por encima…” venga, fuera ropa” pienso, y me desnudo en santiamén. Intento ponérmelo, pero…” ¿Cómo va esto?, ¿Cómo se ata?”, tras el minuto largo para averiguar de se cierra con la cremallera y se ajusta con los lazos lo tengo puesto, “¡Joder qué feo es, pero ¡qué bien me queda!”, y si el tacto era rico en mis medos sobre mi cuerpo es sublime, aunque ¡a ver quién es capaz de respirar con esto!  ¿de verdad hay gente que lo usa? ¿cómo podían seguir vivas las mujeres antiguamente tras media hora en el corsé?”

Me gusta lo que veo en el espejo, me veo estilizada, mis pechos están más altos y mi barriga más plana, pero lo que fascina es como se recorta el bajo encuadrando mis ingles a pesar de ese par de lazos tan grandes a cada lado.

Resulta muy excitante.

Me suelto el hibrido entre moño y coleta que tengo en la cabeza y me revuelvo el pelo, y me imagino que soy una bailarina de burlesque, aunque me pongo a bailar Knock on Wood de Eddie Floid, que no pega mucho, pero me gusta.

Entre contoneos y movimientos de hombros y tetas sigo mirando mis ingles y noto las caricias y las cosquillas de las lazadas, me saco las bragas, esto hay que sentirlo bien, y la belleza de la imagen se multiplica por infinito, igual que la excitación, pero no puedo seguir bailando, estoy sin aire, la opresión es demasiado para mí, a pesar de que apenas lo he apretado.

Me tumbo en la cama y me concentro en respirar lento y profundo mientras suena “She´s not there” de los Zombis, y en lugar de relajarme me excito aún más, parece que pueda notar el aire que me envuelve acariciando mis piernas y mis brazos.

La opresión es cansina, pero la sensación deliciosa…

Oigo unas llaves en la puerta, será Tomás, mejor cierro la puerta de la habitación, que no quiero compartir este momento y mi extraño calentón y yo nos volvemos a tender en la cama… “espera, tengo una idea”, saco un vibrador de la mesilla, “Es una pena no tener ninguno en color negro, lo añadiré a la lista”, compruebo las pilas y abro el WhatsApp:

“¿Puedes venir un momento a la habitación?”

Oigo entrar la notificación, en un segundo los dos palitos azules, y en dos más se abre la puerta de nuestro dormitorio. Le tiendo el vibrador y digo “Úsalo en mí, no voy a quitarme el corsé, y tú solo puedes mirar”.

Si estamos enfadados, estamos enfadados, ¿no?


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QUEEN FLORAL CORSET

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jolie courge

Psicóloga, educadora, orientadora sexual y familiar, COACH SEXUAL y de pareja, y TUPERSEXERA

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