Conciertazo

—Ya casi son las 21:00, mejor echo la persiana de la puerta no sea que…

 

Y en ese momento Lidia escuchó la campanilla colgada en el techo chocando con la puerta.

 

—Vaya, el último de siempre.

 

Pero la cara le cambió al ver a la persona que había entrado. Chico alto, de color, con una sonrisa de esas que derriten, así que Lidia no pudo más que decir —¿Qué desea? Estábamos casi cerrando pero dime. A lo que el chico contestó —Perdona, de verdad, tengo un concierto en hora y media y no puedo más con el hombro ¿Te importaría darme un poco? Media hora, te lo pago al doble.

 

Lidia casi ni pensó —Sí, claro, entra en la sala de masaje y descúbrete de cintura para arriba.

 

Alex, agradecido sonrió y “obedeció”. Una vez dentro, con Alex descubierto de cintura para arriba, Lidia le dijo que se tumbara boca arriba —¿Dónde exactamente tienes el dolor? A lo que Alex respondió señalando la parte frontal de su hombro derecho. Ella comenzó muy suavemente a extender el aceite.

Poco a poco profundizaba en su hombro, cada vez más fuerte, hasta que sin saber por qué, fijó su mirada en la entrepierna de Alex, que vestía un chandal gris… No había visto nunca un bulto así, se quedó embobada, apretando cada vez más los dedos en el hombro de Alex, hasta que él soltó un grito de dolor.

 

—Perdona (dijo ella deseando que Alex no se percatara de que no estaba echando demasiada cuenta a su hombro), debo ejercer esta fuerza para poder aliviarte.

 

—Ok, tranquila, sólo es que me dolió demasiado.

 

Haciendo esfuerzos enormes, Lidia continuó el tratamiento mientras de reojo observaba a Alex, su torso, sus piernas… En pleno diciembre sentía un calor sofocante, sobre todo en su sexo, en el cual reparó sorprendida.

Estaba húmeda, sus braguitas casi sacaban al exterior su excitación interior, por lo que al cabo de unos 40 minutos paró —Listo, creo que con esto podrás al menos tocar hoy sin demasiado dolor.

 

—Mil gracias, dijo Alex mientras se incorporaba  para vestirse, añadiendo —El concierto es a dos calles, en la sala Mara, si quieres pasarte estás invitada, te dejo un pase al backstage.

 

—Mmm… gracias, mañana abro temprano, no sé si podré pasarme.

 

—Bueno, yo te voy a pagar este favor como te he dicho. Pásate, te va a gustar. Mezclamos música senegalesa con flamenco.

 

En ese momento el deseo de Lidia vio la puerta abierta y dijo —Vaya, qué original, quizás haga un esfuerzo.

 

Qué duros e imperturbables nos mostramos casi siempre las personas. Lidia, deseando acudir al concierto, pero mostrándose distante. Por eso, después de cobrar a Alex dijo —¿Sabes qué? Al menos voy a escucharos un poco con una cervezita.

 

—Genial, dijo Alex, realmente encantado por el favor de Lidia.

 

— Me arreglo rápido y salgo.

 

—Ok, cuando estés en la puerta enseña el pase, te llevarán a la puerta de atrás para entrar a camerinos.

 

Y así lo hizo Lidia, llegó 20 minutos después a la puerta en la que esperaban bastantes personas. Al llegar su turno, enseñó su pase, tal y como le dijo Alex, la chica de la puerta levantó la cabeza y dijo —Ey! eres la última, ven conmigo o te quedas son catering.

 

Fueron justo detrás de la sala, la chica llamó y les abrió otra chica que al ver a Lidia dijo —¿Lidia? Pasa, gracias por el favor a Alex, sin él hubiéramos tenido que suspender.

 

Lidia sonrió aceptando el agradecimiento y entró a los camerinos. Toda clase de músicos calentaban para salir a escena. Guitarristas flamencos, bailaoras, y unos 9 músicos senegaleses con instrumentos que jamás había visto Lidia.

 

La chica que abrió a Lidia la condujo a un lateral del escenario y le dijo —Ya verás qué pasada, espero que te guste. Aquello empezó a sonar, Lidia sentía cada golpe en lo más profundo de su deseo. Observaba detenidamente a los músicos mientras su deseo crecía y crecía —Dios.

Miró a su alrededor deseando que nadie pudiese verla allí, y cuando comprobó su absoluta soledad, deslizó su mano dentro de sus braguitas mientras miraba fijamente a Alex, cómo golpeaba son fuerza aquellos tambores, e imaginaba alguno de esos golpes en su culo mientras era penetrada por él con suavidad. Casi no terminó ni una sola canción, Lidia subió al Olimpo del orgasmo y regresó a la Tierra.

 

El concierto continuó y Lidia comenzó a observar todo el escenario, a todos los músicos… Casi sin querer su imaginación la colocó justo en el centro, penetrada por Alex mientras sus compañeros continuaban tocando, cada vez más intensamente.

Uno por uno pasaban delante de ella para ofrecerles su polla erecta para completar a Alex, que seguí penetrándola, ahora con fuerza e intensidad. Su fantasía la llevó de nuevo a deslizar su dedos hacia su sexo, e imaginar que aquel círculo de placer no tenía fin.

 

Así se mantuvo Lidia durante las casi dos horas que duró el concierto. Uno tras otro sus orgasmos le traían diferentes fantasías con cada uno, y todos los músicos en escena. Hasta que después del último compás la música cesó, y entro el aplauso inmenso de un público entregado. Lidia salió en aquel momento de aquel trance que recordaría mientras le quedase vida y aplaudió “a manos llenas”.

 

Se pagaron los focos después de que los artistas hubiesen salido dos veces más a agradecer el aplauso, y fue entonces cuando Alex se acercó a Lidia para preguntarle —¿Te gustó? ¿A que sí?

 

Lidia no pudo más que sonreír y decir —Mucho, jamás había sen… oído algo así

 

—En este país no habíamos tocado aún, por eso es tan novedoso. Ahora nos quedaremos por aquí tomando algo ¿Te quedas? Te presento a la gente…

 

Entonces Lidia se acordó del despertador del día siguiente, pero aún sintiendo el último orgasmo en su cuerpo, dijo —Sí, claro, me va a encantar conoceros.

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