Cinco garabatos

UN GARABATO:

Tratando de escribir algo decente. Folio en blanco. Un rayo de sol, ¿de donde coño habrá salido?, atraviesa el cristal de la ventana y me deslumbra.

Ruido de llaves en la puerta.

-Hola Lucía.

-Hola Mateo.

– ¿Qué tal el día?

-Coñazo.

– ¿Qué haces?

-Garabatos. No consigo escribir nada. Por cierto, carta del banco, han intentado cobrar el seguro de la casa y no había dinero.

No sé si Mateo me ha visto la expresión de hastío en la cara, pero se acerca y me besa el cuello.

– ¿Dónde está la carta?

-Sobre la tele.

-Yo casi creo que está aquí, en este cuello calentito- y con un bolígrafo hace un garabato justo debajo de mi oreja izquierda, y lo besa.

DOS GARABATOS:

– ¿Te apetece cenar algo en especial o improviso? – le pregunto. Está mustia, no sé si es el otoño, la falta de luz, su falta de inspiración o si soy yo…

-Me da igual, cualquier cosa- contesta mientras se mancha los dedos de tinta al tocarse el cuello.

– ¿Sopa, queso, vino y chocolate? – pregunto tentándole con su cena favorita.

-Está bien, sopa para resucitar al muerto que vive en mi estómago.

Vuelvo a acercarme a ella, levanto su camiseta de andar por casa, raída y rota, y hago un garabato en su estómago. Lo beso. -Sí, está muerto.

TRES GARABATOS:

Mateo trastea en la cocina. La dejará hecha un cristo y luego me tocará limpiar a mí. Al menos la sopa será casera, de las de verdad, repleta de verduras cocinadas a fuego lento. El queso…, el queso seguro que es rabioso.

Bueno, ya limpiaré la cocina mañana.

Si al menos ahora pudiera escribir una sola línea…una idea…

Creo que he pensado en voz alta, Mateo sale de la cocina, viene hacia mi con el boli, coge mi mano derecha y hace otro garabato en ella. Luego lo besa, al tiempo que la sopa hierve y se escapa de la cazuela.

CUATRO GARABATOS:

Sí, definitivamente Lucía no está bien. Vale, el trabajo no va bien, está estresada y pasa demasiado tiempo sola.

Sinceramente, no sé que más puedo hacer. Es complicado, no consigo hacer que se ría como solía; ni con cosquillas, parece que sus cosquillas se han mudado a otro cuerpo…

Pongo “Smile”, de Nat King Cole a ver si consigo que sonría un poco.

-Gracias- dice desde el escritorio. Y ahí vuelvo, con el boli, a pintar otro garabato sobre sus labios, y los beso, y los mancho de azul, y la sopa hirviendo vuelve a desbordarse de la cazuela, y yo vuelvo a besar el garabato y a mancharme de bolígrafo.

CINCO GARABATOS:

Todo esto pasará, tiene que pasar, necesito que pase.

Si Mateo pudiera hacerlo pasar con sus garabatos…

Le oigo poner la mesa, descorchar el vino. El olor que viene de la cocina es una puta delicia. ¿Cuántas horas llevo sin comer?

Mi estómago ruge, seguro que el garabato se ha movido con el rugido. Me río, podría ser un tigre hambriento en lugar de un muerto.

Cojo un rotulador del escritorio y maquino; a veces, sin venir a cuento, se me ocurren ideas…

Voy a la cocina.

-Mateo-me mira mientras termina de servir las copas.

-Dime.

Desabrocho su cinturón para poder asomarme a sus ingles.

Dibujo garabatos en ellas y en su pubis.

-Cariño, no puedo cenar llena de garabatos. ¿Qué tal si cogemos el vino y me los borras con los tuyos?

-Vale…, dejamos la cena para el postre.

-Mmmmmmm, o cenamos hechos un garabato.

Vota este artículo !!
[Total: 2 Media: 5]
jolie courge

Psicóloga, educadora, orientadora sexual y familiar, COACH SEXUAL y de pareja, y TUPERSEXERA

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: