Átame con palabras

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Relato erótico dominación

Átame con palabras.


Sentada tomando un café con Ana, sus palabras resonaban en mis oídos pero no acababan de hacer mella en mí. Seguía dándole vueltas al masaje que había recibido de camino.

Él me había pedido que fuera su ama. Quería que lo sometiera, que le azotase; quería ser mi perro.

Todo aquello me sobrevino en un primer instante, pero no podía obviar  el hecho de que mis bragas estaban empapadas y la excitación iba creciendo con cada vuelta que le daba a la idea.

Me sentía un tanto violenta con la petición, pero el calentón que me estaba provocando era mayor; así que sacando el móvil del bolsillo de la chaqueta y tras ver que tenía varios mensajes suyos esperando respuesta y que Ana seguía parloteando sin importarle mucho mi atención escribí mientras hacía gestos de asentimiento con la cabeza. “Si quieres ser un buen perro, deja de preguntar.

Estás totalmente a mi merced.” La respuesta fue instantánea: “Si Ama”.

El subidón que aquellas dos palabras me proporcionaron  no tiene comparación con nada. A partir de ahí, los días fueron pasando a velocidad de vértigo como fotogramas de una película a la que no le estaba prestando mucha atención.

La situación me absorbió bastante  y no podía dejar de darle órdenes a todas horas enviándole mensajes pidiéndole cualquier cosa que se me ocurriera.

Despertó mis más oscuras fantasías y descubrí el placer de saberme obedecida en todo momento.

Mi excitación era un hecho palpable, tanto que más de una vez tuve que cambiarme dos o tres veces de bragas en un mismo día. Le pedí videos de sus pajas en los baños del trabajo, vi cómo se penetraba el culo con sus dedos y como gemía al hacerlo, le pedí que se azotara con fuerza, y él lo hacía solícito.

Aún no nos habíamos visto en persona desde que me pidiera ser su Ama y las conversaciones de WhatsApp habían dado ya mucho de sí pero aquella tarde por fin quedamos en un bar tranquilo del centro.

Cuando llegué él ya estaba esperándome sentado en una mesa apartada del fondo del local. La iluminación era convenientemente tenue y apenas habían clientes a aquellas horas.

Me acerqué y lejos de las miradas indiscretas, me puse detrás de él, le agarré del pelo y tiré de su cabeza hacia atrás para que me mirara.

Su cara de sorpresa y excitación y la facilidad con la que cedió al tirón me dieron alas. Inclinándome hacia él jugué con mi lengua por su boca sin soltarle del pelo  un largo rato y antes de separar mi cara de la suya, dejé que un hilo de saliva cayera sobre su lengua morbosa. Sus ojos me decían que estaba excitadísimo.

Tomamos la primera cerveza bastante rápido y mientras yo me acomodaba en el sillón recostada hacia atrás y abriendo mis piernas ligeramente invitándolo a que fantaseara con lo que había bajo mi falda, él parecía que se iba a caer de la silla en cualquier momento con el cuerpo totalmente inclinado hacia mí.

Antes de pedir la segunda ronda se me ocurrió una idea.

Me disculpé y fui un momento al baño. De camino a la mesa de nuevo, las palpitaciones de mi coño superaban prácticamente las de mi ritmo cardíaco; me estaba encantando aquel juego.

Cuando llegué junto a él le cogí de a mano y besándole, le di mis bragas de encaje blanco y negro que previamente me había quitado en el baño.

Me acerqué a su oído y en una voz casi imperceptible le dije “Quiero que te las pongas”.


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universo pornico

Mi nombre es Yaiza pero la que escribe es mi alter ego la Venus Puta. Soy mujer, orgullosa de serlo y disfruto de la vida, de mi cuerpo y del sexo, sobretodo del sexo. Siempre me ha parecido que este mundo tiene demasiados tabús con los que hay que acabar y por eso mi vida gira en torno a la terapia, la sexología y el enfoque de género. Soy escritora inquieta y pretendo remover mentes. Desde que tengo uso de razón, escribir ha sido tanto mi pasión como mi válvula de escape.

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